Lo reconozco: mi dominio del ecommerce es limitado. Lo que más me estimula es el apartado creativo, pero también hay algo que tengo claro: no puedes entender el marketing si te quedas solo en lo que te gusta. Por eso, cuando supe que Alicante acogía la primera edición de Next Conversion, no tuve ninguna duda. Necesitaba estar allí. O aprendes o te quedas atrás.

Con esa premisa llegué al auditorio de Puerta Ferrisa. Y lo que me encontré fue una imagen que me impactó: un vestíbulo lleno de gente con prisa por aprender, por conectar, por vender. Olía a emprendimiento. Demasiado, quizá. Lo suficiente como para hacerme sentir fuera de lugar durante unos minutos. Como si todo el mundo supiera exactamente lo que hacía allí... menos yo.

Por suerte, esa sensación duró poco. En parte gracias a que las chicas que se encargaban de dar las acreditaciones consiguieron que el aterrizaje fuera amable. Y en parte porque, una vez empezó el evento, quedó claro que había cosas que merecían la pena, incluso para alguien que no domina el ecommerce.

La protagonista en este caso fue Francis Carbonell, responsable del departamento de ecommerce de Wonders. Francis ofreció un relato bastante íntimo con el concepto de transformación como uno de sus ejes principales. Una transformación entendida, no como un concepto vacío, sino como proceso real: lento, incómodo y muchas veces incomprendido. Fue desgarrador oírla relatar cómo, en más de una ocasión, se vio obligada a poner sus palabras en boca de un hombre para que fueran tomadas en serio.

Me encantaría decir que su relato de lucha constante atrapó la atención de los asistentes, pero no fue así. Un simple vistazo alrededor me sirvió para ver que parte de la sala parecía desconectada. Como si esa historia —demasiado humana— no encajara del todo en un evento donde el foco estaba en otra parte. Y entonces pasó algo revelador: la atención volvió justo cuando aparecieron los números, los procesos, lo medible.

Las mesas redondas trajeron el regreso a un terreno mucho más reconocible: marketplaces, logística, personalización, datos en tiempo real. Conceptos importantes, sin duda. Pero también previsibles. Todo giraba en torno a cómo vender más, llegar más lejos, optimizar mejor. Me resultó muy irónico escuchar hablar de entender y de conectar... en un lugar donde la interacción real la sentí, en muchos casos, como algo puramente instrumental.

Por suerte llegó Héctor Nebot de Zapato Feroz y todo cambió. Su intervención puso el foco en algo absolutamente imprescindible: los valores, lo emocional, lo humano. Que no todo vale para crecer. Que si un producto no encaja con tu marca, se descarta, incluso aunque eso te haga perder dinero. Que hacer las cosas antes no es mejor. Es paradójico que el momento más centrado en lo humano fuera también el que más atención generó.

Con esa incómoda sensación de contradicción terminé la jornada... al menos sobre el papel. Porque después llegó el networking. Un proceso descorazonador, una especie de filtro social donde el interés parece medirse solo por el color de tu acreditación. Miradas constantes que evalúan sin parar. Conversaciones que mueren antes de empezar. Contactos que no son conexiones precisamente.

Sin embargo, sería injusto cerrar esta crónica sin reconocer lo evidente: eventos como este son necesarios. Alicante tiene tejido, talento y margen para crecer. Ahora bien, si de verdad queremos que ese crecimiento merezca la pena, conviene prestar más atención a lo que no cabe en una métrica. Porque, sí, a todo el mundo se le llena la boca hablando de conectar. Pero no todo el mundo lo hace.