Asistir a un evento gastronómico debería ser sencillo. Para una persona con alergias alimentarias, puede convertirse en una situación de riesgo.

Imagina lo siguiente: estás en un recinto vallado y completamente abarrotado de gente. El ruido y la música a todo volumen lo inundan todo. Tus sentidos están mermados. Tu capacidad de movimiento también. Aun así, consigues llegar a tu destino y tus ojos buscan con ansiedad una información de la que depende tu vida. No es fácil encontrarla: está en sitios distintos, con formatos diferentes y colores que no ayudan. Y cuando por fin das con ella, lo que ves son jeroglíficos que no explican nada.

Tu ansiedad aumenta, empiezas a sudar y buscas a alguien que te pueda ayudar. Por suerte, encuentras a esa persona. Te abres paso entre la gente a duras penas hasta llegar a tu objetivo y, por un momento, te relajas. Estás donde debes estar. Aquí sí te van a ayudar. Pero no.

La tranquilidad que estás experimentando es una ilusión. La persona que tienes delante no tiene ni idea y sus respuestas son la confirmación: inseguridades, informaciones difusas… o directamente mentiras. Mentiras dichas con la tranquilidad de alguien que sabe que de eso no depende su vida. De alguien a quien no le importas.

Ahora deja de imaginar. Porque esto pasa. Todos los días. Esta es la rutina de miles de personas. Una lucha constante que vivo desde que hace casi dos décadas uní mi vida con la de mi mujer. Y una vez más nos volvió a pasar. Esta vez, en The Champions Burger, en San Juan Playa, Alicante.

Para la mayoría, ir a un evento es tan sencillo como decidir si quieres o no. Para una persona con alergias, no. Lo primero es algo tan sencillo como vital: buscar información. Aquí voy a reconocer algo bien hecho. La web del evento es clara, intuitiva y, algo que es poco habitual, tiene un filtro de alérgenos que te permite ver qué hamburguesas puedes comer. Y hasta aquí lo positivo.

Porque de veintidós hamburguesas, solo tres no tenían frutos secos ni cacahuetes. Tres. Pero ahí no queda todo. Ocho de esas veintidós están marcadas con todos los alérgenos posibles. En hamburguesas de ternera.

La realidad es aún más desoladora en el propio lugar. Desde el que reconoció que estaba cometiendo una ilegalidad porque no había cambiado el cartel que le había ordenado modificar sanidad. Hasta el de VicBros que nos dijo con total tranquilidad que "el 85% de las salsas del mundo llevan moluscos y, si alguien te dice lo contrario, te están mintiendo".

Estas son las personas en las que tienes que confiar. Porque este es el verdadero problema. No es una cuestión de ignorancia. Es que ellos son la barrera que determina si una hora más tarde vas a estar o no en el servicio de urgencias de algún hospital.

Y entonces descubrimos algo todavía más absurdo: ninguno trabajaba con frutos secos. Ninguno. Todos los que lo marcaron como alérgeno lo hicieron por las trazas. Y eso, además de generar confusión, es ilegal. La normativa obliga a informar debidamente al cliente y eso incluye distinguir entre los alérgenos reales y las posibles trazas. La diferencia es sutil pero clave.

Por eso nos fuimos de allí sin comer. No porque no quisiéramos, sino porque ya era imposible confiar. Y es una pena. Porque entre todo ese caos, hubo una excepción. En Smoky BBQ hicieron algo tan sencillo como saber lo que vendían, explicarlo con claridad y tratar al cliente con honestidad. El problema es que cuando todo falla, una sola excepción no basta.

Porque cuando lo que está en juego es tu salud, no necesitas suerte. Necesitas seguridad.